Tranquilo, no operas cerebros
La frase que me recordó que no todo en la vida es una urgencia.
Hace unos días conversaba con uno de mis amigos más cercanos.
Cada vez que conversamos, me sirve para drenar la semana. Me escuchó con atención, dejándome hablar hasta que en mí ya no quedaban anécdotas por contar. Luego de que le comenté lo difícil que me estaba resultando el trabajo nuevo, me dijo:
—No operas cerebros, respira.
Después de escuchar eso, no pude evitar quedarme con la frase dando vueltas en la cabeza.
Entonces hoy, al llegar al trabajo —que es bastante estresante— dije con mucha determinación: ante cualquier atisbo de estrés me repetiré, hasta el cansancio: “Tranquila, no operas cerebros”.
Y quiero decirte que me funcionó.
A lo que mi amigo quería llegar con esto es que muchas veces nos preocupamos en lugar de ocuparnos de las cosas.
Entonces lo entendí: no necesito cargar con tanta presión si algo en el trabajo sale mal. Todo tiene solución y todo puede resolverse. Al final del día volvemos a casa, nos damos una ducha de agua tibia y las preocupaciones van mermando, hasta que entendemos que nada de lo que ocurrió durante el día merece que te partas la cabeza para resolverlo.
Entendí que equivocarme es parte de la vida; que mientras más errores cometo, más aprendo a resolverlos; y que, en lugar de querer tirar la toalla, puedo empezar a tomarme las cosas de una manera más tranquila. Eso, sin duda, me ayudará a ver todo con mejor perspectiva.
Fue entonces cuando me di cuenta de que mi nivel de exigencia está tan elevado que no me permito equivocarme, al punto de no poder siquiera disfrutar del trabajo que en un principio siempre quise tener. Por eso, hoy, durante todo el día, me repetí incansablemente que no estaba en una situación de vida o muerte, que estaba aprendiendo en un entorno nuevo para mí y que cometer errores es parte del proceso.
Por eso es súper necesario que sepas que estás haciendo tu mayor esfuerzo. Deja de autoflagelarte constantemente si las cosas no salen como querías. Baja la presión de la exigencia y permítete ser humano. Lo estás haciendo de maravilla.
Y aunque haya gente a tu alrededor que insista en darse látigos en la espalda por los errores o por las cosas que no salen como esperan, más te vale que te sacudas y respondas:
Tranquilo, no operas cerebros.
¿Y tú, cuántas cosas estás viviendo como una urgencia… cuando en realidad no lo son?





Cuando soltamos el control del mañana y aprendemos a ocuparnos del presente, que ciertamente es muy difícil lograrlo mas no imposible, creo que podemos lograr entender esa frase del todo.